Ayer pasó algo que me paniqueó por completo. Me hizo congelarme, me hizo correr y esconderme. Definitivamente no fue como me lo imaginé en algún momento entre estos dos laaaargos, larguísimos años. Fue estúpido. Me hizo sentir pendeja. Pero ya me he sentido así muchísimas veces y no precisamente por esa razón, así que ya estoy acostumbrada.
Luego, después de mi reacción idiota pero bien justificada, me di cuenta que no me importa. Por fin, después de tanto, pero tanto, pero taaaaaanto tiempo, puedo decir que me vale tres... No. Qué digo tres, me vale como mil hectáreas de caca. Sí, me asusté, me puse nerviosa, reaccioné de tal manera, pero es la primera vez que me pasa algo así. No me esperaba eso. Es como todos reaccionamos ante algo desconocido que te toma de imprevisto.
Por fin puedo decir que ya no causa nada en mí. Es un cero a la izquierda. Diooooooos, nunca se había sentido tan bien.
¿Ya ves, Valeria del 2015? Te vale. Te vale caca.
Siento como si ya no cargara con ese peso tan horrible que tenía. Ya saben, cuando sabes que algo es inevitable pero nunca sabes cómo ni cuándo te va a sorprender, y luego pasa y pum, se va. Como cuando tienes que dar clase o un examen difícil y después lo presentas y ya, se acabó.
Ayer me sentí muy muy feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario