Odio pensar. Lo odio y es curioso que es lo que más hago (no mejor, lamentablemente). Pensar y pensar y pensar.
Cuando estaba en la secundaria, en segundo para ser exacta, me juntaba con unas chavas de mi salón, las cuales... podría decir que eran "fresas" y se me hacían las personas más sencillas del universo por lo mismo que eran un tanto huecas. Todo el tiempo nos la pasábamos riéndonos de tonterías. Segundo año fue definitivamente muy divertido. A veces pienso en ellas (específicamente en ellas) y me pregunto si también tendrán la misma clase de pensamientos que yo.
Normalmente me junto con gente que es complicada así que cada vez que me encuentro con gente sencilla me absortan con su simpleza y de repente quiero saber cómo razonan sobre cada cosa y si se les había cruzado por la mente X pensamiento.
Es molesto pensar tanto. A veces me siento como Malcom el de en medio (sin ser exageradamente inteligente) cuando quiero ser como Reese. No es posible para mí simplemente apagar mis pensamientos. Por eso me gusta tomar. No por el sabor, de hecho, fuck el sabor. Es que el alcohol en ciertas cantidades me hace pensar menos y esa es la única forma. O estar extremadamente cansada. Así que ésas son mis únicas dos opciones... o me vuelvo alcohólica o me mantengo ocupada 20 horas al día.
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