sábado, 14 de diciembre de 2013

Segunda oportunidad

Hace unos días, no recuerdo exactamente cuántos, un señor, papá de una amiga de mi hermana, me marcó por teléfono para saber cómo me encontraba. Le dije lo que le contesto a toda la gente que me pregunta lo mismo: "Bien. Mejor que como estaba."
En primera, no me gusta mucho hablar con gente por teléfono y en segunda... MUCHO MENOS CON GENTE CON LA QUE NUNCA HE TENIDO CONTACTO EN LA VIDA. Y ya.

El señor me empezó a decir "gorda" de cariño, lo cual no me molestó para nada. Nada en esa conversación me molestó mas que el hecho de que quisiera hablar conmigo sin siquiera conocerlo. Nada me molestó hasta que me puse a analizar todo el asunto. Me contó que una vez a él le había pasado lo mismo... no sé si lo atropellaron o chocó o lo golpearon o se cayó o... lo que sea, pero el caso es que había pasado varios meses sin poder moverse por las fracturas y estuvo medio delicado. Me dijo que Dios me había dado una segunda oportunidad para arreglar todo lo que estaba haciendo mal. No recuerdo qué más me dijo, ni cómo me lo dijo... pero entendí su punto.

Y lloré en el teléfono mientras me decía todo eso. De repente, en milésimas de segundo me puse a pensar la plática que tuve con mis papás donde me decían que no me conocían ahora, que antes era muy alegre y que ahora estaba de mal humor la mayoría del tiempo. Yo sé que eso está mal. Yo sé que eso es algo que tengo que cambiar, pero no tuvo que atropellarme un camión para saberlo, eso ya lo sabía desde muuucho antes. Me acordé de las veces que llego gritándole a mi hermano (pero, en mi defensa, está en una edad difícil. De verdad no sé qué tiene que me hace no aguantarlo nada.), y me consta que tengo que aprender a ser más tolerante. Sé que debo ser menos materialista, que no me haría daño preocuparme por otras personas, que debo ser paciente, que debo poner a mi familia ante todo y todos porque... son mi familia y son los únicos que estuvieron conmigo cuando lo del accidente (bueno, ellos y Daniel, mi novio).
Lloré porque yo ya había pensado en eso, aunque no lo vi como una "segunda oportunidad". Lloré porque yo sé que estoy mal en muchísimos aspectos y lloré porque, en ese momento pensaba que Dios había sido tan bueno como para darme una segunda oportunidad.

Colgué con el señor, le di las gracias porque había estado rezando mucho por mí y todo eso. Luego me puse a pensar. Yo no creo que Dios me haya dado una segunda oportunidad. No pienso que esta experiencia haya sido del tipo "ándele, por mamona" (o algo así me hizo sentir el señor). Como si hubiera hecho algo súper horrible. Como si esto hubiese sido algún tipo de castigo para que aprendiera a ser mejor persona. Dios no castiga. Seguramente estaba un poco distraído y me le escapé de su vista por unos segundos y pufff. Pero gracias a Él sigo con vida. Yo creo que Él me cuidó y me cuidó y se aseguró de que nada más grave me pasara y por eso estoy aquí.

Si bien es cierto, esta experiencia me ha dejado un montón de enseñanzas. Enseñanzas y un poquito de miedo, porque me dan nervios cuando salgo a la calle y cosas así. Pero lo más importante que me dejó es que ahora pienso que no hay razón para estar triste. Ahorita, en este momento, no me falta nada. Estoy viva, mis seres queridos están vivos y todo está perfecto. No necesito más y estoy remotamente agradecida por eso. Ya no puedo estar triste por estupideces, porque todo lo demás se vuelve insignificante comparado con el hecho de que pude haber muerto. A lo mejor y a ciertas personas deberían de atropellarlas una vez en su vida para que se pongan a pensar que sus problemas son una mierda comparados con el hecho de casi morir. Just saying. Supongo que no todos corren con este privilegio.

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