jueves, 3 de diciembre de 2015

Ésta va para ti

No solo para ti. Sino para las otras personas que han estado ahí, apoyándome, o chingue y jode todo el 2015.
Mil gracias.

Hace unos días que he estado reflexionando todo lo que ha pasado este 2015.

La desastroza ruptura con Daniel, el rebound: Gerardo, las otras salidas con otro montón de chavos más que en realidad no tiene caso mencionarlas porque sólo me han traído incomodidades y comida gratis (lo siento, en serio, no fue mi intención), mi viaje al D.F., el hecho de que Daniel se hubiera conseguido novia súper rápido, el volver a hablar con David como antes, las incontables noches llorando, las otras... contables noches ebria, salida tras salida, lágrima tras lágrima, decepción tras decepción, diversión tras todo aquello. Algo es un hecho: No soy la misma persona que al inicio de este año. Y ya, yo sé que la gente cambia mucho en un año, sin embargo... hace mucho que no me sentía tan diferente.

He cambiado mi opinión en bastantes cosas. El amor es una de ellas, la principal, de hecho.
Este año me ha dolido en el alma. Comparé dolencias. Preferí el dolor de ser atropellada una y otra y otra vez al del rechazo, el reemplazo y la decepción. He llorado como ningún otro año, me he sentido la persona más mierda sobre la faz de la tierra, me sentí utilizada, inútil, insuficiente y otras cosas aún peor. Es increíble la importancia que le damos a una persona para que nos llegue a hacer sentir de esa manera.
Pero entonces, a lo largo de este año, y gracias a todo eso, también he aprendido lo que no debo volver a hacer. Entre esas cosas está lo siguiente: Jamás darle demasiada importancia a las personas. Jamás rebajarme al nivel de alguien. Jamás compararme. Aceptar que cuando la gente se aleja de mí, es por ellos, no por mí. Aprendí a perdonar a las personas que más me han lastimado. Aprendí a valorarme lo suficiente como para no dejar que nadie me vuelva a lastimar de la manera que lo han hecho. Nunca volver a dar las cosas cosas por sentado. Mi familia, mis amigos y mis perritos son lo más importante en mi vida. Este año me he acercado bastante a Dios. Y es curioso que una experiencia cercana a la muerte no lo hubiera conseguido, sino el haberme sentido más sola que Spirit en Marte (malísima comparación, lo siento). He aprendido que los hombres van y vienen, que algunos son más mierda que otros, que todos somos al menos un poco egoístas y que es bastante estúpido sentirte vacío sólo por no tener pareja. Aprendí que no necesito el amor de otra persona, porque con el propio, el de mi familia y el de mis amigos, me basta y me sobra.

Así que gracias, Daniel, gracias por haberme hecho pasar el año más mierda de toda mi puta existencia. It was fun. Don't come back.
Gracias, mamá, por haberte levantado a las 4 de la mañana durante varias noches sólo para escucharme a llorar. Gracias, papá, por apoyarme en todo. Gracias, Daniela, por escucharme y hacerme sentir mejor. Gracias, Diego, por decirme que "es solo un tipo más" y que si ya pasó, ya pasó.
Gracias, Meli, por estar ahí siempre siempre y tirarle mierda a Daniel en todo momento. Gracias, Reyna, por escucharme decir lo mismo una y otra vez y hacerme ver las cosas como realmente son. Gracias, Héctor, por buscar distraerme y decirme cosas para hacerme sentir mejor.
Gracias, Gerardo, por enseñarme con qué clase de tipos nunca en la puta vida volver a salir.
Gracias por haberme sacado a pasear, por los regalos bonitos, por hacerme sentir mejor sobre mí misma y recuperar el autoestima que creía perdido para siempre.
Gracias David, por volver, por aconsejarme y aguantarme mientras lloraba cuando tenías que estudiar.
Gracias Peter, Abby, Gorda y Doggy, por dejarme hostigarlos cada que me sentía mal.
Ahora los raros "gracias".
Gracias, Harumi, porque de alguna manera u otra, me diste fortaleza para seguir adelante. (Sí, es muy raro. David, si algún día llegas a leer esto... pues sí, Harumi me dio fuerza.)
Gracias, Gabriela, porque por ti me di cuenta que incluso las chavas más inteligentes, más bonitas, y más nobles, también las dejan. Y que es mejor lo que me pasó a mí que estar en una relación tóxica.
Gracias, Rocío, por decirme que nunca es por mí, sino por ellos.
Y finalmente, gracias a ti, de verdad, gracias por quitarme un gran peso de encima.

No hay comentarios:

Publicar un comentario