No es el hecho de que te haya gustado alguien más. No es el hecho de que dejaste de sentirte de la misma manera. No es el hecho de que me mentiste. Es el hecho de que nunca nunca nunca volverá a ser lo mismo. Nunca volveremos a ser amigos. Nunca volveremos a hablar de la misma manera. Una vez que ya rompiste el pedo, ya no hay vuelta atrás. Puedes intentar arreglarlo, puedes intentar hacerlo funcionar de nuevo, pero nunca será igual.
Y eso es lo que más me duele. Haber perdido un amigo. Haber perdido a esa persona con la que hice planes, con la que hablaba diario, a la que le decía mis frustraciones y problemas...
Tú sabes que tengo muchas cicatrices. Tanto físicas como emocionales. Pero sí, se añade otra más. Y no importa. Las cicatrices me hacen ver ruda.
Te extraño, Daniel. Pero estoy aprendiendo a vivir sin ti. Estoy aprendiendo a no depender de nadie. Estoy disfrutando mi soledad, disfrutando de mis amigos, de mi familia, de mí misma y de Dios. Y espero estar bien pronto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario