Siempre apesto para elegir cosas. Todo me va mal. Justo hace dos semanas fui a una tienda a comprarme una blusa y la elegí grande sabiendo que me iba a quedar un poco grande. Como soy terca, igual la compré pensando que aunque estuviese un poco grande, se iba a ver bien. Hoy día, la blusa me cuelga y se me ve un súper escotazo no del todo sexy, al menos no para mí.
Cuando tomo decisiones, me dejo llevar. Me dejo llevar un chingo. Y yo sé, yo sé que muchas veces es lo que el corazón te dicte y mamada y media. Sin embargo, en esta "etapa" de mi vida, ya no me siento tan libre de tomar las decisiones que tomo. Sé que cada cosa tiene una consecuencia y que un gran poder conlleva una gran responsabilidad... (ok, nooooo) (PERO SÍIII). Me toma el doble del tiempo decidirme por algo. Le hablo o no le hablo. Me compro eso o aquello. Lo digo o no lo digo. Ensalada o hamburguesa. Café o dormir. Estudiar o hundirme en depresión. Tan, tan, taaaan difícil.
Las cosas son más complicadas ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario