Amo los perfumes. Los buenos. Los de calidad. Los que no huelen corrientes. En su mayoría, los caros. O siquiera los "no tan baratos" porque nunca he olido un perfume barato que huela rico.
Ayer fui con mi novio a una tienda donde vendían perfumes y me encontré con uno que me hizo tener una experiencia completamente nueva y loca y demasiado interesante para mí. Normalmente cuando huelo los perfumes me gustan o no me gustan. Pero este en especial (y no recuerdo el nombre porque tonta yo, ni siquiera chequé) hizo que mi cerebro imaginara un escenario en donde pudiera oler ese perfume.
No lo imaginé precisamente en mí, sino en el ambiente, en el lugar en el que me encuentro. En mi escenario imaginario yo traigo un vestido rojo, el cabelo recogido, tacones blancos y un collar de perlas (fancy, huh?). Entro al bar de un hotel muy muy caro. Todo el mundo está elegante, mujeres en vestido, hombres en traje. El lugar es amplio y en medio del salón se encuentra la barra. El cuarto tiene una luz tenue proporcionada por unos 20 focos que decoran el techo, justo encima de la barra. En la barra hay gente tomando, en su mayoría whisky. Algunos fuman de esos cigarros con boquilla. En la esquina hay una gramola tocando jazz. Son los 50s.
Ya sé, qué chafa. Yo sé que los olores te hacen recordar mil cosas pero ésta es la primera vez que me hacen imaginarme cosas. Fue curioso.
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