viernes, 4 de septiembre de 2015

G

No sé dibujar barbas.
Es raro que me tome el tiempo para escribir sobre esta personita.

Lo conocí de una manera muy extraña y de dudosa procedencia. Ya era mala idea desde el principio pero aún así pensé que me ayudaría y pensé que llegaría a ser buen amigo y pensé en darme una oportunidad porque ya llevaba dos meses chillando por el mismo sujeto.



Entonces lo conocí en persona un 29 de junio y fuimos a un parque a ver una exposición que resultó estaba cerrada por ser lunes y terminamos en un centro comercial cerca de mi casa viendo la película Intensamente. Me compró una cubeta de los Minions.
Salimos dos días después, ahora sí a ver la exposición con la que me quería impresionar.

Solía escupir en el suelo y eso era algo que me incomodaba de él. ¿Quién jodidos hace eso? Los señores borrachos, los nacos, los taxistas. Pero podía soportar eso, o al menos podía soportarlo hasta ser algo más de él y pedirle que dejara de hacerlo.

Seguimos saliendo, algunas veces bastante seguido, otras veces teníamos que esperar hasta que llegara la quincena y le pagaran. Otras veces yo lo invité a salir.

No sé cómo no lo vi venir antes cuando todo era tan obvio. Cuando había señales desde el principio. Pero a veces a las mujeres nos gusta apendejarnos. No dejamos que nos hagan pendejas. Nunca nadie nos hace pendejas nomás porque sí, porque sabemos. Nosotros les damos la oportunidad de hacernos pendejas.

Una vez, platicando, mencioné que me iba a estudiar a la oficina algunos días cuando no podía estudiar en mi casa y me preguntó si me dejaban entrar así como si nada. No le tomé mucha importancia en ese momento. Era un simple comentario. Después, semanas más tarde, me dijo que podíamos ir a mi oficina a tener relaciones, al cabo tenía las llaves y me dejaban entrar.

Y sabía que debía alejarme, sabía que era malo, que no era normal, pero era tan seguro de sí mismo y tan intrigante que quise quedarme a ver más. ¿Qué más tenía para mí? Ya había alterado mis hormonas. Quería ver hasta dónde era capaz de llegar con él.

Una noche me intentó besar, pero lo evadí. Al siguiente día volvimos a salir y esa vez yo lo besé. Más que nada porque ya tenía dos meses sin besar y quería probar otros labios.
Me gustaba cómo me besaba, me gustaba cómo me regañaba, me gustaba cómo fingía que le importaba, me gustaba cuando me agarraba de la mano, cuando me decía "amor", cuando me besaba la frente y cuando me hacía ver las cosas tan sencillas como él las veía. Me gustó que me invitara a conocer a sus amigos. Que pasara su cumpleaños conmigo. Que fuera a la quinta con mi familia. Que me diera de comer en la boca. Me gustaron muchas cosas.

No me arrepiento de nada. A pesar que todo fue muy rápido. A pesar de que sólo se había acercado a mí con la intención de utilizarme. No me arrepiento. Fue un buen clavito. No llegó a sacar el otro clavo pero al menos casi lo logra.

Quise tomarme el camino fácil pero de nuevo la realidad me abofeteó con una sardina maloliente sólo para decirme que así no son las cosas. Bienvenida al mundo real donde los hombres te engatusan para que te acuestes con ellos y luego buscan tirarte a la jodida.

A pesar de todo eso, no le guardo rencor. No era nada que no supiera desde el principio, a decir verdad.

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