sábado, 29 de agosto de 2015

Infinitamente agradecida

Hay días, como hoy, en los que me siento infinitamente agradecida con Dios. Cuando estoy ocupada, cuando tengo muchos planes, cuando hago muchas cosas en un solo día y cuando creo que todo marcha bien. ¿Por qué no habría de marchar bien? Dios conmigo, ¿quién contra mí?

Hace unos días, los perritos de mi prima, Coco y Feliza, fueron atropellados en la avenida. Mi tía y mi mamá fueron a recoger los pedazos que quedaban de ellos para enterrarlos en el patio. Cuando me dijo mi mamá, entré en shock. ¿Cómo? ¿Por qué? Ayer estaban bien. Ayer en la noche los vi ladrando cuando pasé para ir a la tienda. ¿CÓMO?

Es impactante la manera en la que las cosas cambian de la noche a la mañana. Un día estás complemente seguro de algo, al otro día ya no. Un día tienes algo, al otro día ya no. Un día estás vivo, al otro ya no.

La vida da miedo. Todo es tan incierto. Por eso dicen que debes vivir día a día. Y la verdad es algo que quiero hacer con todas mis ganas. No esperarme a que sea fin de semana para disfrutar y salir con mis amigos. No quejarme de estudiar, porque a fin de cuentas se supone que estoy estudiando algo que me gusta. No quejarme de no salir todos los días porque también necesito tiempo para mí. No quejarme de nada. Vivir el día. Ejercitarme. Comer bien. Disfrutar del arte. Amar. Ser feliz. Rodearme de gente que me quiere y que quiero. Tomar té. Leer un buen libro. Entre otras cosas clichés.

Hoy amo estar viva. Estoy agradecida por tantas bendiciones.

Yo de verdad creo que hay un cielo para los animalitos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario