martes, 13 de octubre de 2015

Pensamientos de las 2:05 A.M.

Siempre he tenido dificultad para conciliar el sueño. Aun así haya tenido un día cansado, sufro al momento de querer intentar dormir.

Lo que más me tranquilizó durante un tiempo fue hablar con Dios. Le contaba de todo lo que me había pasado en el día, las cosas buenas, las cosas malas, qué me causó gracia y qué estuvo apunto de hacerme romper en llanto camino a casa. Terminaba pidiéndole por cómo quería que salieran las cosas. Por cómo deseaba estar completamente recuperada y no tener ningún recuerdo de aquella persona que me hizo daño.

A veces pienso en la muerte, también. A veces pienso en cómo será. ¿Simplemente desaparecemos? ¿Vemos todo negro? ¿No vemos absolutamente nada? Nuestro cerebro... ¿se apaga? Eso me aterra. Cuando pienso en eso intento bloquearlo con algo triste porque algo feliz no es suficientemente fuerte como para taparlo. No sé por qué soy así. Es decir, sé que es normal que la gente piense en la muerte, pero yo tengo pensando en eso desde que tengo alrededor de 12 años. Ningún familiar se había muerto, así que no tenía motivos para pensarlo. Una noche simplemente me levanté, me inundó la ansiedad y me puse a llorar en el baño por horas. Luego mi mamá se levantó y me dijo que nos íbamos al cielo, pero desde los 12 años soy una incrédula. ¿Cómo nos "vamos al cielo"? ¿Literalmente al cielo? ¿Qué hacemos ahí? ¿Vivir para siempre? ¿Como niños, como adultos o como ancianos? ¿Cómo nos alimentamos? ¿Seguiremos recordando quiénes son nuestros familiares y amigos? ¿Cómo la gente puede decir tantas tonterías sin estar seguro de ello? ¿Quién me lo asegura? ¿Quién me dice que de verdad hay un lugar después de la muerte? Todas esas preguntas para alguien de 12 años. Claro que no he podido dormir bien desde que tengo esa edad.

Cuando me canso de torturarme con esas cosas me pregunto en por qué me ha sucedido todo lo que me ha sucedido. Me doy cuenta de los giros bruscos que ha tomado la vida y me pregunto lo que me depara. Hace 4 años dejé de hablarle a una persona que me había hecho bastante daño y de la cual estaba enamorada. Hoy en día puedo hablar con él como si nada de eso hubiera pasado. Hace 3 años estaba nerviosa porque no sabía cómo se sentía tener un novio de verdad, alguien a quien pudieras besar y agarrar de la mano. Hace un par de meses pensé que nadie nunca me iba a volver a gustar y que no iba a volver a encontrar el amor en mi vida nunca jamás.

Pienso en las personas a las que les he dejado hacerme daño y en cómo ya no debería ni siquiera recordarles porque de verdad no valen la pena. Pienso en aquellas espinas que me han dejado e intento hallarle el lado bueno. Me debieron haber hecho más fuerte. Me debieron haber enseñado cómo reaccionar para la próxima vez. Me debieron haber marcado tanto como para ya no tomarle más importancia si me vuelve a pasar en un futuro. Eso todavía no lo sé, solo lo puedo suponer. Algo de lo que sí estoy segura es que me enseñaron a valorarme como persona. Me enseñaron a no confiar plenamente en alguien y... aunque eso puede sonar más como desventaja que ventaja, creo que es importante saberlo: Nadie es como tú. Nadie manejará los asuntos como tú y si esperas más de esas personas vas a terminar decepcionándote.

A veces, cuando no puedo dormir, pido porque todo salga de la manera que debe salir para poder estar bien pronto. Para poder seguir con mi vida feliz, disfrutando de cada momento, creciendo como persona, amando a los que me rodean y ayudando a cualquier persona que lo necesite.

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